Tiempo en Zaragoza

sábado, 10 de mayo de 2008

José Oto














Tengo ya los años justos como para pensar que de todo este engaño que es la vida ya lo conozco todo, al mismo tiempo no soy aragonés, nunca amé la jota, siempre me pareció un estilo franquista, reflejo de la tristeza de un país caínita.

Pero no sé cuando, ni como, será cosa del emule, me topé con José Oto, y ya nada fue igual: una voz, una vida, una forma de cantar que me arrebatan, que me ponen las lágrimas en los ojos y me llenan de vida, de una energía tremenda.

José Oto es un resumen de calor, de hombre con decencia, Treinta partes de franqueza, veinte de desinterés, y cincuenta de nobleza, eso es un aragonés. Desde ese día, desde que oí a este monstruo inalcanzable para tanto gorgorito baturro, ya no puedo mas que inclinar la testuz y gritar a pulmón herío que nadie teme a la fiera

No te rompas la cabeza en cuestión del matrimonio, quelque se empeña se casa, y el que se casa sempeña.


Y como siempre prefiero transcribir artículos de los que saben mas que yo: en este caso de ese jalegomaño tan hermoso y galán que es Antón Castro:


De los cinco cantadores míticos, que cubren la historia de la jota -el Royo del Rabal, Juanito Pardo, Cecilio Navarro, José Oto y Jesús Gracia-, José Oto es, sin duda, el que recoge una práctica unanimidad en cuanto a su excelsitud. Al ser tan variadas y numerosas sus excelencias, lo que mejor lo caracterizaría sería la voz", dice Javier Barreiro acerca del gran cantador zaragozano, nacido un seis de septiembre de 1906, en la calle Casta Álvarez, hace ahora un siglo. Otro gran experto como José Luis Melero, coautor con el escritor citado del LCD "La jota. Ayer y hoy" (Prames, 2005), afirma: "José Oto es el gran jotero moderno, el auténtico número uno de la historia de la jota aragonesa. Es el espejo en el que todos han querido mirarse para aprender y mejorar, es el hombre que subió a los altares uno de los estilos más bravos, el de la "fiera", que llegó a grabar sin respirar en los dos últimos versos". Demetrio Galán Bergua dice que los cantantes más importantes del siglo XX fueron José Oto y Pascuala Perié, "eran baturros por antonomasia", y recuerda el multitudinario homenaje que les rindió Zaragoza el día de su muerte: ambos, de alguna manera, hicieron recordar el no menos masivo entierro de Joaquín Costa.

Alfonso Zapater, que llegó a bailar en Albalate y Alcañiz con Carmen Bringuis mientras cantaba José Oto, dice: "Oto poseía una voz espléndida, poderosa, era un estilista que no precisaba de calderones (adornos) para engatusar al público. Entonces no se utilizaban micrófonos: cantaba en plazas públicas, en plazas de toros, y su voz atronaba. También cantaba en salas de fiestas y en locales de variedades. Y tenía algo que me parecía realmente conmovedor: era un personaje de un gran calado popular. Poseía carisma. Recuerdo que en el año 1947 o 1948 vino a cantar a Urrea de Gaén (Teruel), en cuyo molino vivían mis padres. Yo tendría 15 o 16 años y pasamos el día juntos. Me sorprendió que toda la gente quería estar con él, que lo adulaba, que lo admiraba, y él se comportaba con campechanía y con aquel tic que tenía algo de coquetería: se ajustaba una y otra vez la faja. Ya estaba un poco grueso".

La formidable voz del Gancho (1906-1961)

José Oto nació en la calle Casta Álvarez, en el barrio del Gancho. Empezó a interesarse por la jota a los siete años, gracias a las enseñanzas de su padre, que "cantaba con buen estilo y excelente voz", según Galán Bergua. Sin embargo, ingresó como tañedor de guitarra y bandurria en la rondalla del maestro Calabia, que le enseñó también solfeo. Uno de los momentos de revelación de su talento se produjo, a los pies de la estatua de Alfonso el Batallador, en el Parque Grande: de golpe, se arrancó cantando fragmentos de las zarzuelas más conocidas del momento y tonadas. Miguel Asso lo oyó, se quedó fascinado y decidió incorporarlo de inmediato a su cuadro de jota. Oto hizo su presentación en la plaza de toros en compañía de la gran jotera Jacinta Bartolomé. Más tarde se integró en la rondalla del maestro Orós, y con ella asistió a la Exposición Internacional de Barcelona. Allí cantó un día ante Alfonso XIII, que escuchó por primera vez, con perplejidad y embeleso, esta estrofa tan patriótica: "Quien oyendo un "¡Viva España!" // con un "¡Viva!" no responde, // si es hombre, no es español, // y si es español, no es hombre". Realizó distintas giras por Francia y Alemania y por todo el territorio español. Allá donde iba triunfaba con su "voz clarísima y limpísima", como dice José Luis Melero.

Iba de primera figura en los cuadros de jota de Isabel Zapata, Mariano Cebollero y Pese Esteso, entre otros. En Barcelona, por ejemplo, según recuerda Galán Bergua, "formó cuadro con Camila Gracia, Gregoria Ciprés y Felisa Galé", que acabaría siendo su novia. Además, cantó las coplas de "La Dolores", en la comedia "Rondalla" de los hermanos Quintero o en "La muerte del ruiseñor". Un cantador republicano Encadenó triunfos constantes, y participó en una gira por Andalucía con "La gitana embrujada". En 1927, se presentó por primera y única vez al Certamen Oficial de jotas y ganó el máximo galardón. "Mi padre, Alfonso Zapater Cerdán, que fue un gran bailador y venció siete veces en el certamen, me decía siempre: "Vámonos ya, Alfonso. El premio de baile es para ti y el de canto es para mí". Siempre tuvieron una gran relación, Oto le pedía a mi padre que bailase con él. Se entendían a la perfección. Venía mucho por nuestra casa, con Felisa Galé o solo. Pasaban el día juntos, y ensayaban estilos nuevos. Mi padre tañía muy bien la guitarra y la bandurria, y les he visto atacar estilos de una vez", recuerda Alfonso Zapater.

José Luis Melero aporta una noticia no muy conocida: "Tras la proclamación de la II República, José Oto grabó jotas republicanas. Existe en Aragón una gran tradición de jotas republicanas, y él tiene varias en un disco. La misma relación con Felisa Galé, tan libre, tan escandalosa en una ciudad como Zaragoza, invita a pensar en eso: en su condición de hombre de izquierdas y republicano". Como sucedería con Felisa Galé, Miguel Fleta se quedó asombrado ante sus cualidades, y le recomendó con insistencia que se dedicase a la zarzuela e incluso a la ópera. Había razones objetivas para ello. Señala Galán Bergua: "La voz de José Oto, que empezó siendo tenor, llegó a alcanzar tan amplia tesitura que muy bien pudo dominar los más extensos registros del barítono atenorado. Voz excepcional, clara, potente, gratísima y muy afinada". Del éxito al abandono y la pena Otro experto en el mundo de la jota como Fernando Solsona, autor de "La jota cantada" (Zaragoza, 1978), lo define así: "Colosal cantador de jota y símbolo aragonés entre 1930 y 1960". Esos treinta años fueron los de su absoluto liderazgo, aunque algo cambió en 1948 tras la muerte de su novia Felisa Galé.

Un jovencísimo Emilio Lacambra, que era tañedor en la rondalla Bretón, coincidió con él en dos fiestas del Pilar a mediados de los años 50. "Era un niño de apenas ocho o nueve años y tengo una visión más bien difusa. Eran los tiempos de la rivalidad entre Manolo Garcés y Jesús Gracia. Nos mandaban de rondalla por los barrios, parábamos en una taberna y los joteros decían aquello: "A las puertas de … // hemos venido a beber". Él bebía mucho. Lo recuerdo muy abrigado, con bufanda y muy gordo. Colorado. Coincidiendo con el estreno de "El último cuplé", con Sarita Montiel, también pasaron "Por los caminos de la jota", una película de unos 20 minutos, que se abría con un plano cortísimo sobre el corazón de mi guitarra, luego la cámara se iba alejando y se veía toda la rondalla. Aparecían Isabel Zapata, Pepe Espeso, pero ahora no estoy seguro si aparecía José Oto o no". Desde 1948 hasta su muerte en 1961, José Oto sucumbió al dolor y al alcohol. Alfonso Zapater recuerda su pasión excesiva por la cerveza y sus paseos, tambaleante, por El Tubo, de garito en garito. Javier Barreiro también ha indagado en esta dirección: "Efectivamente, sus últimos años fueron tristes. Vivía, creo, en una pensión y paupérrimamente. Y bebía mucho, frecuentemente incitado por los tasqueros o por los propios parroquianos que le invitaban para que animara y cantase". Consta que nunca tuvo ambiciones personales y que se atrevió a abordar los estilos más difíciles, entre ellos, también, las denominadas "femateras".

Fernando Solsona recuerda: "Hizo de la "fiera antigua", la "fiera zaragozana", la creación máxima de la jota y su disco de ella se escucha siempre con la máxima devoción". Barreiro añade: "Su importancia en la historia de la jota es capital, en cuanto a que se le considera el iniciador de la jota moderna. ¿Sucesor? Creo que no lo ha tenido respecto a su forma de cantar; en cuanto a importancia y protagonismo en la historia de la jota, evidentemente, sería Jesús Gracia Tenas". Su producción discográfica fue más bien generosa con casi una veintena dediscos. En su despedida final, lo acompañaron hacia Torrero alrededor de cien mil personas. Manuel Lahoz escribió un romance, que culminaba así: "Hoy ha salido un baturro // de ronda hacia los luceros. // Hoy ha muerto el ruiseñor // de las orillas del Ebro".

UNA BELLA Y DRAMÁTICA HISTORIADE AMOR CON FELISA GALÉ
Los amores de Felisa Galé y José Oto fueron públicos. Felisa Galé nació en Zaragoza en 1912 y era nieta de jotero y tañedor. Pronto empezó a dedicarse al canto y en 1929 debutó en el Teatro Principal. Obtuvo el Primer Premio en el Festival de Jota en 1931, y a partir de entonces inició una gran carrera que la llevó a viajar por distintas ciudades españolas y a triunfar con todos los honores en Madrid. Demetrio Galán Bergua destaca en ella su "voz clara y gratísima", así como su condición de jotera simpática y atractiva, de suaves maneras y un carácter más bien dulce. El propio Miguel Fleta, que se había iniciado en la jota sin demasiada fortuna, quiso llevársela a Madrid y él mismo se ofreció para pagarle la carrera de canto. Al parecer, Felisa Galé contestó de manera inesperada: "Yo no dejo Zaragoza por nada del mundo". Quizá para entonces ya le hubiese echado el ojo a un cantador seis años mayor que él, no demasiado conocido y enjuto aún, que poseía una voz prodigiosa.
Demetrio Galán Bergua dicen que "formaban la pareja obligada, la que más sugestionaba al público". Cantaban cualquier copla de jota, cualquier estilo; ambos poseían facilidad, dominio y una continua inspiración. El periodista de HERALDO y escritor Alfonso Zapater recuerda aquella relación: en algunos casos la vivió desde cerca, en otros se la contaron sus propios padres. "Eran compañeros sentimentales. Novios. Pero además fueron compañeros de cantos. Recuerdo perfectamente sus canciones de picadillo. Eran un dúo genial, imprescindible. Felisa Galé llevaba la voz cantante, y Oto desarrollaba la voz de bajo. Tenían una gran complicidad".
En 1946, Felisa Galé enfermó gravemente. Y dos años después, durante las fiestas de San Roque falleció. Era el año 1948. Tenía 36 años como la citada Asunción Delmás. José Oto se quedó absolutamente desencajado. "El bache le duró mucho tiempo. Cada vez que iba a cantar se emocionaba excesivamente. Siempre la tuvo presente", recuerda Alfonso Zapater. Unos días después del fallecimiento de Felisa Galé, José Oto debía cantar en Caspe. Intentó hacerlo: salió al escenario, entonó, pero rápidamente el llanto y el dolor le atoraron la garganta. Inerme, miró a la gente que lo había oído cantar muchas otras veces con aquella garganta arrolladora, con aquella energía que hacía temblar la plaza al aire libre. Los caspolinos prorrumpieron en una cerrada ovación. A nadie se le escapaba su estado de orfandad amorosa. Javier Barreiro, que está preparando un ciclo de charlas sobre Oto para Ibercaja, señala: "Efectivamente es lugar común que la muerte de Felisa Galé le afectó muchísimo".
Escribe Demetrio Galán Bergua, en su inexcusable "El libro de la jota aragonesa" (1966), que José y Felisa estaban a punto de casarse. Felisa Galé, además, tenía una gran habilidad para escribir cantas de jota. Una de ellas fue ésta: " No hay Virgen como mi Virgen, // ni tierra como Aragón, // ni mañica que me quite // al maño que quiero yo".

LA JOTA DE "LA FIERA"O UN INCIDENTE EN BARCELONA

Cuenta Demetrio Galán Bergua una de las mejores anécdotas del cantador: "En cierta ocasión, en una sala de fiestas de Barcelona, José Oto cantaba maravillosamente sus célebres estilos de jota que provocaban repetidas ovaciones. En una de las primeras filas estaba un individudo de tipo achulado y gesto de matón. Y cuando Oto llevaba cantadas media docena de tonadas, al terminar la última, el necio, cretino y salvaje espectador, lanzó al escenario una moneda de cobre que cayó a los pies de nuestro jotero. (...) Oto sí que acusó la gamberrada y, con mucha tranquilidad, se agachó, recogió la moneda, la levantó a la vista del auditorio, la arrojó con fuerza hacia los bastidores y, mirando fijamente al imbécil, exclamó dirigiéndose a la rondalla: "Allá va mi despedida..." Y con los ojos echando fuego (...) espetó la famosa copla y el siguiente estilo: "No tires piedras, cobarde //, que el tirar es cobardía;// saca tu navaja en mano, // que yo sacaré la mía".

*Este artículo apareció ayer en "Heraldo de Aragón". Javier Barreiro me escribe y me dice que son casi 50 los discos grabados por José Oto.


Pongo lo único que he encontrado en youtube de este monstruo, pun montaje donde canta la jota del besico al jalón, pero si alguien encuentra las imágenes donde canta la fiera o la de los aragoneses, le agradecería me la hiciera llegar




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