Tiempo en Zaragoza

martes, 2 de junio de 2009

la palabra




Enfebrecido, esto es lo primero que se me ocurre tras la lectura, inacabada aún, de Los libros arden mal, una obra tremenda de Manuel Rivas, donde las palabras son el propósito para una historia agridulce sobre La Coruña de posguerra que empieza, mas o menos, con la sobrecogedora escena de la quema de libros que tuvo lugar en esa ciudad a cargo de los patriotas. La quema de libros como símbolo de la intolerancia, de la incultura, del miedo a la libertad. Rivas nos ofrece un fresco de esos años que los mayores de 50 rozamos en medio de una infancia juventud sin saber (hoy eso es lo máximo) al mismo tiempo que ilumina un amor por los perdedores y sobre todo por los poetas, escritores, defensores y huidos del mundo de la no inteligencia.

Las palabras que vuelan, dardos que queman, sublime orgía donde se encuentran los mejores sentimientos de los seres humanos (con permiso de Doña Bibiana Aido), y que al mismo tiempo pueden ser motivo de catarsis neroniana, cristianatalibán o hitleriana. Quien teme a las palabras, a las letras, quienes quieren encerrar la inmensa libertad del pensamiento, son al fin y a la postre, prisioneros de sus propios miedos, de sus propias miserias. Grande Rivas, hermosa obra de no fácil lectura, pero llena de consuelo y amor, de dura crítica también, y de respeto y aquiescencia con lo que nos distingue: nos queda la palabra.

y de muestra un botón, con los fabulosos Diplomáticos de Monte Alto, con los que años ha, gozamos en Zaragoza: vivan os diplomáticos¡¡¡

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