
esa habitación está vacía ahora,
decía
el bueno de Jesús Fernández Segura,
que para que funcionara un centro escolar solo hacía falta un timbre que marcara las entradas y salidas
Hoy sigue habiendo timbres, y ocurre lo mismo, pero ahora la habitación está vacía y tampoco está Fernández Segura para verlo, ni Manuel Simón, ni Lucía, ni Alkali, no está Juan Carlos, hoy ya no han venido a clase.
Estás solo, recogiendo unos papeles o ni siquiera eso, solo tomándote tu tiempo antes de que vuelva a sonar el timbre de la vida y vuelvan, pajaritos, con la boca abierta pidiendo que alguien les diga algo, les de una luz, y resulta que hace rato que se apagaron los focos y no hay mas luz que la sale del corazón, chavales.
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